El mundo al revés: la casa de Celestina como heterotopía

Frederick Bishop, Samford University

Frederick Bishop earned his B.A. in Spanish from Samford University in 2025. He currently serves as a Second Lieutenant in the United States Air Force, where he is undergoing pilot training. His academic interests center on the intersections of literature, political science, economics, history, and philosophy.

Abstract

 

Celestina’s house in La Celestina[1] functions as a Foucauldian heterotopia: a space of transgression, inversion, and ambiguity where social boundaries collapse. Functioning simultaneously as brothel, workshop, and site of conspiracy, the house disrupts and reconfigures feudal hierarchies by allowing servants, nobles, and marginalized figures to negotiate power through illicit exchanges. Celestina herself embodies this inversion: neither wife, widow, nun, nor demoiselle, she defies traditional roles of women, managing a secretive world hidden in the margins of society. The house becomes an engine of transgressive behaviors—dissolving social classes, subverting moral and religious norms, and anticipating the transition from feudal hierarchy to capitalist exchange. Therefore, La Celestina captures the powerful impact heterotopias have on social, political, and economic norms. This enduring resonance is evident in parallels with modern clandestine networks—ranging from human trafficking networks to digital echo chambers—that similarly shape social reality from the margins. Ultimately, Celestina’s house emerges as both a physical setting and symbolic catalyst, a heterotopia whose capacity to destabilize society extends beyond the medieval world.

Introducción

La Celestina, de Fernando de Rojas, así como las novelas picarescas con protagonistas femeninas, ha sido objeto de estudios relativamente recientes a partir de enfoques foucaultianos como la parresia o la heterotopía.[2] En este ensayo propongo un análisis inédito del espacio de la casa de Celestina como una heterotopía, que Michel Foucault define en su ensayo “Of Other Spaces” (1986) por medio de un contraste con la utopía y la distopia. En efecto, las utopías son paisajes ideológicos “perfectos” e “irreales”, intentos de alcanzar un paraíso que ocupan un espacio mental y emocional pero que no pueden materializarse en el mundo físico. Las heterotopías, a su vez, son ubicaciones ideológicas que existen en el espacio físico, pero que no logran integrarse en la sociedad—el mundo real. Una es perfecta pero irreal; la otra es real pero imperfecta. Foucault explica, además, que las heterotopías yuxtaponen “in a single real place several spaces, several sites that are … incompatible” (25). Por consiguiente, la función de la heterotopía es “to create a space that is other, another real space, as perfect, as meticulous, as well arranged as ours is messy, ill constructed, and jumbled” (27). Entre otros ejemplos de heterotopías, Foucault incluye la cárcel, el cementerio, la iglesia, el internado escolar, el museo y el burdel. La incompatibilidad entre el mundo interno de la heterotopía y su mundo externo proviene de las diferencias fundamentales en sus reglas, leyes, estructuras, economías, jerarquías sociales y aspiraciones. Las heterotopías mantienen prácticas estrictas porque están naturalmente aisladas de las presiones externas de la sociedad para cambiar. Por tanto, una heterotopía debe tener la capacidad de generar cambios en la sociedad, ya sea mediante la purificación moral, la corrupción, la modelación económica o la actitud filosófica como catalizador que lleva a la búsqueda de la verdad y la crítica de las ideas establecidas.

La relevancia de este ensayo radica en que la eternidad del burdel clandestino medieval se refleja hoy en día en heterotopías modernas como las redes de trata de personas, los grupos de chat en línea y las prisiones que igualmente operan fuera de la sociedad dominante y que, sin embargo, la influyen profundamente. Estos espacios, así como la casa de Celestina, sirven como centros de transgresión que reflejan, cuestionan y remodelan las normas sociales. Por ejemplo, las redes de trata de personas cosifican a los individuos de una manera que perpetúa la desigualdad económica y social, manifestada también en la prostitución clandestina de la era medieval cuando las mujeres de bajos recursos tenían solo tres opciones de vida: casarse, hacerse monja o prostituirse. Los grupos de chat en línea, que a menudo funcionan como cámaras de eco para ideologías radicales, desafían las narrativas sociales e influyen en acciones del mundo real, proporcionando un hogar para voces marginadas y desinformación. Cada una de estas heterotopías motiva el cambio social, ya sea a través de protestas públicas, reformas políticas o cambios en la conciencia colectiva, ejerciendo un impacto transformador mucho mayor que el alcance de la sociedad dominante en sí misma.

Este ensayo apunta a demostrar que la casa de Celestina funciona a la vez como una ubicación física y un espacio simbólico de inversión y transgresión. En efecto, a la diferencia de una casa como espacio familiar, la casa de la alcahueta es un refugio para sus maquinaciones y el lugar donde suceden eventos claves que modificarán el desarrollo de la trama (como el plan de subyugar a Melibea para entregarla a Calisto, o el acuerdo de extorsión entre la alcahueta y los siervos de Calisto contra este último) hasta el final trágico con la muerte de todos los protagonistas (Celestina, los siervos, Calisto y Melibea). Por consiguiente, el análisis del burdel tardomedieval desde el enfoque de la heterotopía de Foucault es relevante para la obra de Rojas porque este espacio geográfico hace referencia a un significado, y porque en este espacio se llevan a cabo manipulaciones en las jerarquías de poder. Dicho espacio aísla comportamientos desadaptados, asuntos ilícitos, intercambios capitalistas, conspiraciones y la disolución de clases sociales, impactando y controlando directamente la narrativa externa desde su heterotopía. 

La casa de Celestina como espacio de transgresión y traición

La casa de Celestina constituye un centro de operaciones para cuatro eventos climáticos en la obra, lo que refuerza su rol como espacio de transgresión. En efecto, en el Auto I, el primer encuentro entre Celestina y Sempronio, el siervo de Calisto—quien busca ayuda para la conquista amorosa de su amo—ya establece las dinámicas de poder entre Celestina y los criados, demostrables, por ejemplo, en el acercamiento sumiso por parte de Sempronio, y revela cómo la casa de Celestina existe como un microcosmo secreto y aislado del mundo por sus paredes y una puerta (106).

SEMPRONIO: Madre mía, bien ternás confiança e creerás que no te burlo. Torna el manto e vamos, que por el camino sabrás lo que, si aquí me tardasse en dezirte, impediría tu prouecho e el mío.

CELESTINA: Vamos. Elicia, quédate adiós, cierra la puerta. ¡Adiós paredes!

La mención de las paredes y la puerta cerrada por parte de Celestina es significativa porque las paredes marcan la separación social entre lo público/ privado; y la puerta es un umbral de tránsito entre lo prohibido/ permitido –un mundo dentro de otro mundo, o sea, una heterotopía. En efecto, cuatro escenas climáticas que predicen el final trágico de la obra ocurren dentro de la casa de Celestina, como: a) la reunión de Celestina con los siervos de Calisto y donde fomentan su pacto de colaboración (Auto III 138-143); b) la ideación de la estrategia de Celestina para manipular a Melibea y hacerle aceptar los avances de Calisto (Auto III 143-145); c) la invocación a Plutón y los rituales mágicos que trastornan las normas sociales tardomedievales en cuanto a la piedad y moral encarnadas por Melibea, y su reorientación hacia la manipulación y el beneficio personal (Auto III 147-148); d) y, por último, la discusión climática entre Sempronio, Pármeno y Celestina sobre la división de las recompensas, lo que llevará al asesinato de la alcahueta en su propia casa a manos de los criados de Calisto por no cumplir aquella con su parte del trato (Auto XII 268-275), y, posteriormente, a la muerte de sus criados ajusticiados por el crimen cometido.

En esta sucesión de eventos, el lector descubre las funciones múltiples de la casa de Celestina—desde acuerdos comerciales y negociaciones hasta brujería y luchas de poder—reforzando su función de heterotopía. Ahora bien, por una parte, la reunión entre Celestina y Sempronio no solo establece las bases de su complot, sino que también muestra la casa como un espacio intramuros seguro y secreto, donde las conspiraciones de una mujer socialmente marginalizada pueden planificarse sin interferencia del mundo exterior (Gamón Fielding 121): “Sempronio vase a casa de Celestina […] Pónense a buscar qué manera tomen en el negocio de Calisto con Melibea” (Auto III 138). Asimismo, en este espacio, Sempronio se siente seguro para traicionar a su amo con la intención de explotarlo, una falta contra el pacto de fidelidad personal que existía entre siervo/ amo en la sociedad feudal, y la transferencia de su lealtad y obediencia a Celestina para el éxito del negocio: “Procuremos prouecho, mientra pendiere la contienda [...] Donde no más vale que pene el amo, que no que peligre el moço […] Haz a tu voluntad, que no será éste el primer negocio, que has tomado a cargo” (Auto III 141). Por último, la ausencia de Pármeno en la reunión entre Celestina y Sempronio les permite a estos confabular para utilizarlo: “A esse tal [Pármeno] dos aleuosos […] Será de los nuestros. Darnos ha lugar a tender las redes sin embaraço, por aquellas doblas de Calisto” (Auto III 143).

Por otra parte, la discusión sobre la división de las ganancias entre Celestina y los siervos de Calisto también revela el rol de la casa en la explotación humana cuando las alianzas se desmoronan y la avaricia supera la lealtad (Auto XII 272-274):

PÁRMENO: Déte lo que prometió o tomémosselo todo. Harto te dezía yo quién era esta vieja, si tú me creyeras. [...]

CELESTINA: Viuo de mi oficio, como cada qual oficial del suyo, muy limpiamente. A quien no me quiere no le busco. De mi casa me vienen a sacar, en mi casa me ruegan. Si bien o mal viuo, Dios es el testigo de mi coraçón. E no pienses con tu yra maltratarme, que justicia ay para todos: a todos es ygual. Tan bien seré oyda, avnque muger, como vosotros, muy peynados. Déxame en mi casa con mi fortuna.

SEMPRONIO: ¡O vieja auarienta, garganta muerta de sed por dinero!, ¿no serás contenta con la tercia parte de lo ganado?

CELESTINA: ¿Qué tercia parte? Vete con Dios de mi casa tú. E essotro no dé vozes, no allegue la vezindad. No me hagays salir de seso. No querays que salgan a plaza las cosas de Calisto e vuestras.

SEMPRONIO: Da bozes o gritos, que tú complirás lo que prometiste o complirán oy tus días.

ELICIA: Mete, por Dios, el espada. Tenle, Pármeno, tenle, no la mate esse desuariado.

CELESTINA: ¡Justicia!, ¡justicia!, ¡señores vezinos! ¡Justicia!, ¡que me matan en mi casa estos rufianes!

Dichas interacciones enfatizan la naturaleza dual de la casa de Celestina como un refugio para la transgresión del marginado y un lugar de traición. En el centro, Celestina se entrona como la mente maestra de este submundo dentro de su casa. Sin embargo, a pesar del poder y la manipulación, la historia de Celestina termina con su propio asesinato. Así, la casa se convierte en otra heterotopía: una tumba sellada.

La casa de Celestina como narrativa social

La infraestructura de la casa de Celestina no puede entenderse plenamente sin examinar el contexto sociopolítico y económico de la España medieval, y, particularmente el declive del feudalismo. En efecto, la obra se desarrolla durante un momento clave de transición social. La monarquía, la nobleza y la iglesia eran conscientes del riesgo de disturbios entre el pueblo bajo. Baste recordar que, en el feudalismo, la sociedad se divide en niveles de roles y relaciones distintas con el Rey o el Papa. Esta jerarquía formaba un gran grupo de siervos y sirvientes en la base, concentrando el poder hacia la cima de la pirámide hasta llegar al monarca, el monarquía, un símbolo de poder concentrado en un ente. El Papa y el Rey representaban la monarquía en sus respectivas esferas de influencia—la clerical y la noble. En cuanto a los monjes, obispos, señores, caballeros y vasallos, estos servían como administradores intermedios, ejerciendo autoridad sobre campesinos mientras disfrutaban de un estatus privilegiado. No obstante, “el feudalismo alzaba barreras, interrumpía el progreso y, a menudo frustraba los resultados […] de este último”, las estructuras gubernamentales europeas previas habían buscado disolver barreras y generar igualdad” (Lobingier 192). Para muchos, el feudalismo barría a Europa como “una ola de políticas regresivas” (192). En el contexto histórico de La Celestina, el feudalismo se había consolidado en la vida española durante siglos, “habiéndose establecido en un período más temprano” (200).[3] Y, en medio de estos roles estratificados, comenzó a gestarse un descontento significativo en sus últimas etapas. En efecto, motivados por la exposición a nuevas ideas, tensiones económicas y la colectivización, tanto los campesinos como los grupos marginados comenzaron a desafiar esta jerarquía rígida, amenazando la estabilidad del sistema feudal.

Ahora bien, dentro del espacio heterotópico de su casa, Celestina se sitúa fuera de esta estructura social feudal, encarnando una figura que no se alinea con ninguno de sus roles predefinidos. Su estatus ambiguo también refleja la transición social hacia estructuras capitalistas emergentes. En efecto, como mujer de negocios independiente, Celestina opera en un espacio liminal que combina remanentes de la sociedad feudal con los primeros sistemas de economía de mercado. Su habilidad para beneficiarse de actividades ilícitas y manipular a representantes de diversas clases sociales anticipa la erosión de las jerarquías feudales rígidas, enfatizando la creciente influencia de las relaciones transaccionales sobre el estatus heredado. Celestina, en efecto, no encaja en ninguno de los estados de vida de la mujer bautizada medieval, como bien lo explica Ortega-Sierra:

Dicha taxonomía de origen a la vez jurídico-pastoral y biológico se divide, como se sabe, en cuatro estados de vida: doncella, casada, viuda, y monja. Asimismo, este sistema sintético o simplificador resulta de tres criterios superpuestos: a) una edad de la vida (joven/adulta/mayor); b) un estado civil (o sea, la posición jurídica de la mujer frente el matrimonio); c) una función inherente a cada esta de vida femenino (esposa/ madre). (304)

Celestina opera, por tanto, desde los márgenes sociales, y se forja una identidad única como empresaria independiente y artesana de las artes oscuras—una mezcla de la vieja maestría mercantil oriental y la recién emergente gestión del capital. Su papel socava el orden feudal al explotar sus debilidades—manipula a nobles como Calisto, que dependen de ella para satisfacer sus deseos, y aprovecha su red de prostitutas y sirvientes para mantener el poder. Esta posición ambigua le permite subvertir la jerarquía tradicional, convirtiendo su casa en un microcosmos representativo de la transición social del feudalismo hacia las estructuras capitalistas emergentes. La independencia de Celestina desafía la propia noción de una sociedad jerárquica rígida, y arroja luz sobre un mundo donde el poder se alcanza por medio del ingenio, la manipulación y el control sobre espacios marginados. Con todo, el éxito de Celestina no deja de ser breve y solo puede existir dentro de los límites de las paredes de su casa, o sea, de su heterotopía foucaultiana. Por tanto, la anomalía social que representa Celestina debe ser eliminada y esto ocurre dentro de su propia casa lo que hace evolucionar este espacio comercial capitalista a una heterotopía diferente: la tumba.

Durante el período bajomedieval, y ante la inevitabilidad de la prostitución, los burdeles se convirtieron en el refugio de marginados y excluidos, al ampliar rápidamente el papel y alcance del trabajo sexual (Iglesias 193; Molina Molina 111). Las perspectivas económicas motivaron al Estado a legalizar la prostitución “[por ser] lucrativa y un solo burdel controlado por las autoridades suponía un buen negocio en las ciudades” (Iglesias 194). Los burdeles privados estaban restringidos, y el proxenetismo, el trabajo sexual en casa, la solicitud individualizada o cualquier otra forma de prostitución fuera de los burdeles públicos eran limitados y sometidos a cargas financieras significativas (Molina Molina 111).

El Estado consideraba necesario mantener a las trabajadoras sexuales aisladas de la sociedad, aunque accesibles. Como resultado, la “prostitución [privada] no se erradicó pues … aparece una prostitución clandestina, convirtiendo a las mujeres que venden su cuerpo fuera de la putería en ilegales, al igual que a los alcahuetes” (Iglesias 195). Según la opinión social, “estas prostitutas clandestinas pasaron a ser de ‘mejor calidad’ que las que trabajaban en las mancebías públicas”, ya que tenían más experiencia, flexibilidad y clientes honestos—“mucho más selecto y discreto” (Iglesias 197). Era común que trataran y conversaran con varios forasteros—como mercaderes o funcionarios—que deseaban evitar la vergüenza y la baja calidad de los burdeles públicos de la ciudad (López Beltrán 226). Debido a esta consolidación hacia la prostitución privada, las alcahuetas se convirtieron en poderosas fuerzas de control y manipulación, proporcionando hogares y cuidado a prostitutas que buscaban liberarse de los burdeles y negociando servicios para hombres de todos los niveles de la pirámide social feudal, sentando las bases para que los roles históricos feudales comenzaran a difuminarse entre campesinos y señores.

Este trasfondo socioeconómico subraya el poder de Celestina, y el papel de sus sirvientas/ prostitutas, Elicia y Areúsa, es integral a las operaciones de su casa. Su presencia establece a Celestina no solo como manipuladora de dinámicas socio-amorosas, sino también como alcahueta, al gestionar un burdel clandestino ilegal. De Rojas muestra la amplia influencia de Celestina—sus servicios son solicitados por hombres de todos los niveles sociales: “[c]aballeros viejos y mozos, abades de todas dignidades, desde obispos hasta sacristanes”, “estudiantes y despenseros”, y “hombres descalzos contritos y rebozados, desatacados” (226, 83). Entre sus muros, las barreras de la sociedad se desmoronan—los hombres sin hogar se convierten en amos de mujeres alojadas, y los señores se convierten en sirvientes sexuales de prostitutas de clase baja. Una vez que ingresan en su heterotopía, el Rey y el campesino se igualan; y Celestina se convierte, por así decirlo, en diosa. Esta inversión de la sociedad feudal ejemplifica la naturaleza anti-feudalista de la casa de Celestina. Como mujer de negocios operadora de un sistema económico emergente inédito para el mundo medieval, Celestina aprovecha su posición capitalista para hacerse Reina de su propio submundo, traficando a mujeres, manipulando a compradores hasta someterlos y manteniendo la lealtad de los funcionarios estatales para evitar consecuencias legales—una heterotopía de una era precapitalista.

Una clave para entender el poder de Celestina radica en su interacción con la trama de la obra. Según Iglesias, “los criados de las familias acomodadas estuvieran entre los principales usuarios de la prostitución y fueran miembros del hampa” (194). Asimismo, De Rojas estructura la influencia de Celestina sobre Calisto y Melibea a través de sus sirvientes. Celestina accede a Calisto por medio de Sempronio, su sirviente, explotando su relación con Elicia, la prostituta. La alcahueta manipula hábilmente a Sempronio utilizando su deseo de dinero y placer. Más allá de Sempronio, Celestina emplea su red de manera igualmente astuta. Explota las posiciones de Areúsa y Elicia como prostitutas para satisfacer las demandas de sus clientes y manipular a aquellos dentro de su esfera de influencia, como Pármeno. Inicialmente resistente a sus intrigas, Pármeno se ve atraído por las promesas de riqueza y placer con Areúsa, demostrando su habilidad para explotar las debilidades humanas.

Por una parte, la precisión histórica utilizada por el autor al conectar a Celestina con las familias adineradas solidifica la narrativa al intentar ser precisa en su retrato de la dueña de un burdel clandestino. Este intento apunta a otras características importantes, como el propio burdel clandestino, que tuvo un impacto histórico considerable en la sociedad más allá de la regresión moral. Al interpretar la casa de Celestina como un mercado precapitalista que se dedica a la venta de trabajo sexual a cambio de favores comerciales o incentivos financieros, también se puede concluir que otras heterotopías en la España medieval igualmente anticiparon el capitalismo en su descontento con la economía feudal. De hecho, el burdel clandestino fue un fenómeno real y un centro de actividad capitalista temprana. Incluso sin los amuletos y rituales de Celestina, estos lugares de reunión discretos disolvieron la clase feudal y la reemplazaron con una visión de la burguesía como una nueva clase social.

Por otra parte, la casa de Celestina supera el espacio físico para convertirse en concepto inmutable. La casa de Celestina y “la trayectoria profesional de Celestina se ha realizado en tres viviendas diferentes que han ido moviéndose de las afueras al centro urbano” (Iglesias 201). La casa de Celestina, su negocio de prostitución, peluquería, intermediación matrimonial, tejido, socialización y provisión de una vida para mujeres jóvenes que buscan trabajo, solo se hace más poderosa a medida que se ve obligada a cambiar de ubicación física. El burdel clandestino hace lo mismo: a medida que legitima, más hombres y mujeres participan de esta actividad ilícita, generando un mundo de intercambio de servicios. La heterotopía sobrevive a medida que sus muros se engrosan con cada nuevo noble, clérigo o campesino que se convierte en cliente de Celestina, uniéndose a un mundo de marginación y exilio. 

La casa de Celestina como gestora de la memoria colectiva

Según María García, el “papel de los gestores de la memoria colectiva reafirmar, retocar o incluso deshacer las condiciones de permanencia de estos ‘espacios-otros’” (333). La memoria colectiva de la historia y la identidad social está directamente controlada por las heterotopías—espacios invisibles y otros. Dentro de este ámbito, lo único que puede detener la alteración permanente de la realidad en las heterotopías son los llamados “gestores de la memoria colectiva”. De ser el caso, los guardianes de la memoria colectiva dependen de su poder proveniente de documentos de los que se extrae la historia: libros, cartas, ensayos, entre otros. En cambio, las heterotopías prosperan en las emociones, los deseos, las opiniones, la memoria subjetiva y la memoria colectiva. A medida que el tiempo avanza, “si las gentes piensan, creen o saben ... que algo ocurrió en un lugar, los distintos gestores de su memoria colectiva construyen y reconstruyen estos hechos una y otra vez”, cimentando permanentemente un evento en esa forma de recuerdo repetido, ya sea recordado con precisión o no (García 335).

Fernando de Rojas es, pues, un “gestor de la memoria colectiva” frente al torbellino cultural causado por la transición al Renacimiento. En efecto, el autor judeoconverso (Aronson-Friedman 79) protege su propia memoria en La Celestina, así como la memoria de este período transitorio y sus transgresiones en el burdel clandestino. El burdel se sitúa en el mundo de la influencia histórica, corrompiendo a la sociedad y exponiendo a los individuos a una estructura anti-feudal. Esta intersección entre legalidad y marginalidad, feudalismo y capitalismo, el comportamiento criminal y el cortejo inocente transforma su casa en una heterotopía: un espacio donde se eluden las restricciones sociales y los actos transgresores redefinen los límites del poder, la moralidad y la identidad. Si invertimos esta perspectiva, su heterotopía transforma la sociedad, derrumbando las barreras sociales y desencadenando relaciones desafortunadas entre los marginados y los institucionalizados.

La casa de Celestina ejemplifica, pues, la consolidación del poder social en estos lugares de encuentro privados y subversivos: los marginados y los ricos se mezclan en un matrimonio profano, abriendo caminos para el trastorno de la narrativa social. Asimismo, en la obra, la heterotopía de la casa de Celestina arrasa con las vidas de Calisto y Melibea, afectando a muchas otras vidas en el proceso. De la misma manera, las heterotopías modernas, como las redes de tráfico de personas y las plataformas de redes sociales, continúan desafiando la autoridad dominante en el mundo contemporáneo. En efecto, diversas plataformas de redes sociales permiten la difusión de desinformación a niveles significativos (Vallance 2023), y estas nuevas heterotopías siguen siendo fuerzas poderosas que moldean, desafían y redefinen las estructuras sociales, exigiendo vigilancia para evitar su influencia descontrolada. 

Conclusión

La perdurabilidad de heterotopías como la casa de Celestina subraya su capacidad de funcionar como espejos de las transformaciones sociales. A través de dinámicas de poder manipuladoras, estas heterotopías invierten la estructura social feudal mientras construyen simultáneamente nuevas vías sociales: las mujeres de la clase campesina adquieren poder sobre señores en el burdel clandestino. La casa de Celestina, como un heterotopía anti-feudal, representa un microcosmo de agitación económica, moral y social durante la transición de la España medieval del feudalismo al capitalismo. Ya sea en forma de la casa de Celestina o en manifestaciones modernas, las heterotopías continúan sirviendo como espacios donde las voces marginadas interrumpen y redefinen las estructuras sociales, instándonos a confrontar su influencia transformadora y a prevenir sus consecuencias impredecibles.

[1] Fernando de Rojas. La Celestina. Madrid, Cátedra Letras Hispánicas, 1997.

[2] Sanmartín Bastida, Rebeca. “Sobre el teatro de la muerte en La Celestina: El cuerpo “hecho pedazos” y la ambigüedad macabre. eHumanista, 5, 2005, pp. 113-25; Gerli, Michael. “‘Agora que voy sola’: Celestina, Magic, and the Disenchanted World”. eHumanista vol. 19, 2011, pp. 157-71; Byabartta, Debarati. “Tres anti-heroínas picaresca-celestinescas: los cuerpos femeninos radicalmente subyugados en La hija de Celestina”. Celestinesca, no. 41, 2017, pp. 61–82; Gamón Fielding, Electra. “Confining the Pícara: Ethnic Violence and Heterotopic Spaces in La hija de Celestina.” Confined Women: The Walls of Female Space in Early Modern Space. Eds. Brian M. Phillips and Emily Colbert Cairns. Hispanic Issues Online, no 25, 2020, pp. 128–145; López González, Luís F. “Celestina as Parrhesiastes: Parrhesia and Truth in Celestina’s Visits to Melibea”. Bulletin of Spanish Studies, 97 (3), 2020, pp. 299–320.

[3] La traducción al español es mía.

Obras Citadas

Aronson-Friedman, Amy. “Identifying the Converso Voice in Fernando de Rojas' "La Celestina". Mediterranean Studies, vol. 13, 2004, pp. 77-105.

Byabartta, Debarati. “Tres anti-heroínas picaresca-celestinescas: los cuerpos femeninos radicalmente subyugados en La hija de Celestina”. Celestinesca, no. 41, 2017, pp. 61–82.

Fernando de Rojas. La Celestina. Madrid, Cátedra Letras Hispánicas, 1997.

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