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Abstract
The radicality displayed by Sor Juana Inés de la Cruz in the society of New Spain has been well documented. The aim of this paper is to consider the social radicality of Sor Juana as demonstrated in her auto sacramental El divino Narciso. This radicality is identified in three distinct areas: traces of modern-day feminism, traces of mystic Christian beliefs, and Sor Juana’s defense of the humanity and religion of New Spain’s indigenous and mestizo populations. Feminist traces include the author’s criticism of the traditional silencing of women, themes of female empowerment, and a reversal of male-female stereotypes. Mystic traces include a mystical interpretation of the Song of Solomon, represented in the relationship between La Naturaleza Humana and Narciso, as well as symbolic references to the works of St. Bernard of Clarivaux, a known mystic. Sor Juana defends the humanity and beliefs of the indigenous population by equating indigenous religious beliefs with Catholicism, then justifies mestizo beliefs by underscoring the mixed identity of both indigenous-Christian beliefs and the Judeo-Christian roots of Catholicism. The summation of these findings provides an overwhelming demonstration of the social radicality of Sor Juana Inés de la Cruz in El divino Narciso.
Introducción
En su biografía literaria de Sor Juana Inés de la Cruz, Octavio Paz subraya un aspecto clave de las obras de ella: “La palabra de sor Juana se edifica frente a una prohibición; esa prohibición se sustenta en una ortodoxia, encarnada en una burocracia de prelados y jueces. La comprensión de la obra de sor Juana incluye la de la prohibición a que se enfrenta esa obra” (17; énfasis añadido). Según esto, y siendo la Inquisición española una posible lectora de sus obras, Sor Juana tenía que tener mucho cuidado con lo que escribía. Sin embargo, a pesar de la constante vigilancia de la Iglesia Católica, Sor Juana una y otra vez demuestra un carácter radical en sus obras.
El diccionario de la Real Academia Española define la palabra “radical” como: “un partidario de reformas extremas” (RAE). Sus sinónimos incluyen “extremista”, “fanático” y “revolucionario”; otras definiciones son, “extremoso, tajante, intransigente” (RAE). De este modo, decir que Sor Juana demuestra un carácter radical significa que ella no está de acuerdo con las normas de la sociedad; más bien, ella critica estas normas y muestra algunas creencias controvertidas.
Una obra que destaca esta radicalidad de Sor Juana es su auto sacramental El divino Narciso. Un estudio cuidadoso revela la radicalidad social de Sor Juana por explorar abiertamente los temas del feminismo, por incorporar la ideología religiosa de los místicos, y por defender a la humanidad y las creencias de los pueblos indígenas y mestizos de Nueva España.
La situación de la mujer en la época de Sor Juana:
Durante la vida de Sor Juana, las mujeres generalmente fueron disuadidas de escribir. En su respuesta a Sor Filotea de la Cruz, ella dice: “he pedido [a Dios] que apague la luz de mi entendimiento dejando sólo lo que baste para guardar su Ley, pues lo demás sobra, según algunos, en una mujer; y aun hay quien diga que daña” (991). En esta época, era la expectativa común que una mujer se quedara en la casa, y por eso le fue negado a Sor Juana el derecho de estudiar en las universidades de Nueva España (992). En este contexto, se puede decir definitivamente que luchar por los derechos de la mujer y criticar las acciones de los hombres, lo que hoy en día se conoce como feminismo, fue una acción radical en la sociedad de Sor Juana.
Rasgos del feminismo en El divino Narciso:
Sor Juana imbuye El divino Narciso con temas feministas de tres maneras: primero, critica cómo los hombres tradicionalmente han silenciado a las mujeres a través de la relación entre Narciso y Eco; también empodera a las mujeres por destacar el papel esencial de María (la Fuente) en la salvación de la Naturaleza Humana, y por último tuerce varias ideas y símbolos típicamente asociados con los hombres y, en cambio, los atribuye a las mujeres a lo largo de su auto sacramental.
Sor Juana presenta los temas feministas en El divino Narciso destacando que los hombres tradicionalmente han silenciado a las mujeres. Logra hacer esto a través de la relación tóxica entre la ninfa Eco y Narciso. Desde el principio de la obra, le cuesta a Eco hablar; como Kennet señala, “Echo explains her history as the Fallen Angel in an octosyllabic romance which suggests a demonic 'running at the mouth’… breaks of quartets of hexasyllabic lines [also]…suggest sudden gasps for breath (15; también véase Escena 3 de El divino Narciso). Luego, al ver que la Naturaleza Humana y Narciso se han encontrado y enamorado, Eco se queda completamente muda, diciendo: “Si quiero articular la voz, no puedo / y a media voz me quedo, / o con la rabia fiera / sólo digo la sílaba postrera” (404). Greer ha sugerido que este silenciamiento de Eco refleja no solamente la vida de cada mujer, sino también la vida misma de Sor Juana: “I suggest we consider Sor Juana’s demonic eco condemned to silence as a trial-run, so to speak, of the renunciation of her [own] intellectual vocation” (18). Es significativo que la ninfa callada represente al diablo; tal vez, en la sociedad de Nueva España, las mujeres locuaces eran vistas como “diablos” también. Al presentar y dramatizar el dolor que Eco siente por ser muda, su “dogal a la garganta”, Sor Juana critica el silenciamiento social de las mujeres impuesto por los hombres (404). Esta crítica funciona como un tema feminista en El divino Narciso, lo cual así deja ver la radicalidad social de Sor Juana. El silencio de Eco dice lo que las palabras callan.
Otra manera de que Sor Juana evidencia los temas feministas en El divino Narciso es por empoderar y alabar a las mujeres, lo cual ella hace por destacar el rol esencial que María realiza en la salvación de la Naturaleza Humana. Representada por la Fuente de Narciso, se da la siguiente alabanza a ella:
¡Oh, fuente divina, oh pozo
de las vivíficas aguas,
pues desde el primer instante
estuviste preservada
de la original ponzoña,
de la trascendental mancha,
que infesta los demás ríos;
vuelve tú la imagen clara
de la beldad de Narciso,
que en ti sola se retrata
con perfección su belleza,
sin borrón su semejanza! (392)
En este apóstrofe, Sor Juana deja claro que María ha nacido limpia del pecado original: la “transcendental mancha” (392). Kennet ha postulado que esta pureza transforma el papel que María empeña en la salvación, diciendo: “Sor Juana's Mary, in her making and bearing of Narcissus/Christ, engages in more than a passive carrying of a [fetus]; she forms him perfectly, and she has the power, in the symbol of the fountain, to cleanse Human Nature, [and] to make the human bond between Narcissus/Christ and Human Nature” (Kennet 20). Según Kennet, la humanidad se salva no solamente por medio de Jesucristo, sino también por la pureza de María. Al alabar a la pureza de María, Sor Juana empodera a las mujeres. Este empoderamiento sirve como otro rasgo del feminismo en El divino Narciso, lo cual vuelve a subrayar la radicalidad social de Sor Juana.
Los temas feministas de Sor Juana también se evidencian claramente en su tergiversación de ideas y símbolos estereotípicamente asociados con los hombres, los cuales, en su auto sacramental, ella atribuye en cambio a las mujeres. Un ejemplo de esta tergiversación de ideas se encuentra en la personificación de la Naturaleza Humana; en vez de representar “mankind” como un hombre, Sor Juana personifica a la humanidad como mujer (Kennet 15). Se describe la Naturaleza Humana como la “madre común de todos los hombres”, y “una pastora bella…una ninfa” (357; 368). La Sinagoga también está personificada como mujer, un asunto que posiblemente habría enfurecido a los judíos y sus sacerdotes (356). Al tergiversar estos símbolos y asociarlos con las mujeres, Sor Juana públicamente critica e intenta reformar la percepción estereotípica del mundo de la mujer. La Sinagoga fémina insinúa que las mujeres desempeñan papeles claves en la religión, aun sin poseer el sacerdocio o la divina autorización de enseñar el evangelio; la Naturaleza Humana siendo fémina subraya el rol esencial de la mujer en la procreación y la crianza de los hijos. Las palabras de Kennet apoyan esta interpretación: “In feminist terms…Sor Juana not only depicted events of import in both the political and ecclesiastical arenas, but commented on them and tried to educate her public, [and this] constituted an enormous step for a woman of her time” (12-13; énfasis añadido). Así, esta crítica de la percepción estereotípica de la mujer es plenamente feminista, manifestando otra vez el extremismo social de Sor Juana.
El misticismo en la época de Sor Juana:
Durante la época de Sor Juana la Inquisición española fue un poder que condenaba la herejía y castigaba a sus proponentes (Paz 6; McGinn, “Mysticism and Magisterium”). A menudo, los místicos eran los blancos principales de estos ataques y acusaciones. Bernard McGinn explica el misticismo de la siguiente manera: “The notion that spiritual practices were meant to prepare for a deeper sense of God’s presence, variously conceived of as seeing God, uniting with God, radical obedience to God, and even being annihilated in God…this is the realm that we today call ‘mysticism’” (“Mysticism and the Reformation” 3). Nótese el uso de la palabra “radical” en la última oración. Siendo consideradas algunas de sus creencias herejías, muchos místicos fueron históricamente investigados por la Iglesia Católica; Marguerite Porete fue quemada en la hoguera, y Miguel de Molinos fue condenado a cadena perpetua (McGinn, “Mysticism and Magisterium” 4,7-8). Santa Teresa de Ávila también fue interrogada varias veces por la Inquisición (Peterson). Aunque no todos los místicos fueron condenados, los que propagaron públicamente sus creencias sí fueron; “when [mysticism] moved out into…the "uneducated crowd," it became automatically more dangerous to the guardians of orthodoxy” (McGinn, “Mysticism and Magisterium” 18). Así, al incorporar la ideología religiosa de los místicos en El divino Narciso, Sor Juana manifiesta un notable radicalismo social.
Rasgos del misticismo en El divino Narciso:
Una manera en que El divino Narciso logra incorporar las creencias místicas es comparando la búsqueda de la Naturaleza Humana por parte de Narciso con los esfuerzos de los místicos de unir sus almas con Dios. El vehículo de representación de esta búsqueda de unión espiritual se basa en el “Cantar de los Cantares”. Como explica Ellis, “Traditionally [the Song of Songs] has been read allegorically, the Bride being the Church and the Groom being Christ, but among mystics, the work has told the story of the individual soul's search for union with God” (8). De este modo, al comparar la Esposa del “Cantar de los Cantares” con la Naturaleza Humana — al retratar el amor en el “Cantar de los Cantares” como una relación personal e íntima — Sor Juana incorpora creencias místicas en su auto sacramental.
El divino Narciso directamente alude al conocido pasaje bíblico en este contexto. En su búsqueda de Narciso, la Naturaleza Humana dice: “Una vez, por buscarle, me toparon / de la ciudad las guardas, y atrevidas, / no sólo me quitaron / el manto, mas me dieron mil heridas” (385). Ellis señala que esto se refiere a Cantares 5.7, cuando los guardias abusan a la Esposa (8). También, se hace referencia a Cantares 1.5 cuando la Naturaleza Humana dice: “mira que, aunque soy negra, soy hermosa, / pues parezco a tu imagen milagrosa” (389; Reina-Valera). Al enamorarse de la Naturaleza Humana, Narciso la insta a seguirlo, diciendo: “Ven, esposa, a tu querido” (403; véase Cantares 4.9). A través de estas referencias bíblicas, Sor Juana explícitamente compara la Esposa de los Cantares con la Naturaleza Humana, igualando así la mística búsqueda de unión del alma con Dios a la búsqueda por Narciso. Al incluir este rasgo místico, El divino Narciso pone de relieve la intransigencia social de Sor Juana.
Otra manera de que El divino Narciso incorpora las creencias de los místicos es a través de la representación simbólica de la Naturaleza Humana como un reflejo de Narciso. Según la Biblia, los hombres fueron creados en la imagen de Dios (Reina-Valera, Génesis 1.26). San Bernardo de Claraval, un místico prominente, expone sobre esta enseñanza, argumentando que al pecar, los hombres retienen la imagen de Dios, pero pierden su semejanza a Él (citado en Ellis 5). Según Bernardo, “nothing can be more pleasing to God than his own image when restored to its original beauty” (citado en Ellis 10). Estas ideas de San Bernardo son una parte clave de El divino Narciso; la semejanza entre la Naturaleza Humana y Narciso “tiene tanta fuerza / que no puede haber / quien no la apetezca” (372). En cuanto a sus pecados, la Naturaleza Humana dice que
tanto mi ser descomponen,
tanto mi belleza afean,
tanto alteran mis facciones,
que si las mira Narciso,
a su imagen desconoce. (364)
El propósito de Narciso, la razón por la que muere, es que la Naturaleza Humana se vuelva semejante a él. Al referirse a estas creencias de San Bernardo en El divino Narciso, Sor Juana incorpora la ideología religiosa de un místico, así revelando su extremismo social una vez más.
Tratamiento de los pueblos indígenas y los mestizos en Nueva España:
Desde su descubrimiento, los pueblos indígenas de las Américas fueron menospreciados por España. Como explica Williamson, “From the first, explorers…tended to idealize them [indigenous peoples] as noble savages…Later experience would modify this idyllic picture…though it would never entirely dispel the myth of American innocence” (37). Como en otros lugares, la Inquisición española también se inmiscuyó en la vida de los indígenas, coleccionando datos de sus pecados paganos, especialmente la idolatría y los sacrificios humanos (Greenleaf 5, 11). A veces la Iglesia públicamente castigaba a los indígenas, azotándolos (Greenleaf 10). Su religión, siendo pagana, fue el escarnio de España. Cuando Bartolomé de las Casas escribió su defensa de ellos en su libro Brevísima relación de la destrucción de las Indias, la Inquisición lo censuró (Kirk, citado en Wassner 4). Aun los mestizos — los que nacieron de relaciones hispano-indígenas — fueron considerados inferiores en la jerarquía social (Williamson 135). De este modo, defender a los pueblos indígenas y mestizos públicamente en una obra de teatro se consideraría muy radical en la época de Sor Juana.
Defensas de los indígenas y mestizos en El divino Narciso:
Una manera de que Sor Juana defiende a los indígenas de Nueva España es equiparando la religión azteca con el catolicismo. En su loa de El divino Narciso, Sor Juana representa alegóricamente la conquista de la América por los españoles y describe cómo los pueblos indígenas aceptaron la fe de ellos. Al conversar, los personajes Religión y América descubren que sus creencias acerca de Dios son casi las mismas:
OCCIDENTE: “¿será ese Dios, de materias
tan raras, tan exquisitas
como de sangre, que fue
en sacrificio ofrecida,
y semilla, que es sustento?”
…………………………
RELIGIÓN: “Su Humanidad bendita,
puesta incrüenta en el Santo
Sacrificio de la Misa,
en cándidos accidentes,
se vale de las semillas
del trigo, el cual se convierte
en Su Carne y Sangre misma;
y Su Sangre, que en el Cáliz
está, es Sangre que ofrecida
en el Ara de la Cruz” (Inés de la Cruz, “Loa” 11).
En este pasaje, Sor Juana subraya las similitudes entre los rituales de los indígenas y la Eucaristía de la religión católica. El dios de los indígenas se forma de la sangre y semillas ofrecidas en sacrificios; asimismo, Jesucristo ha sacrificado su sangre y su carne se vuelve pan en el proceso de transubstanciación. Cuando América pregunta si el dios de los españoles se puede tocar, la Religión responde: “permite / que Lo toquen las indignas / manos de los Sacerdotes”, otro rasgo que comparten las dos teologías (“Loa” 11). Al equiparar estas religiones, Sor Juana defiende la humanidad de los indígenas; si los españoles se consideran civilizados, ella argumenta, ¿cómo no lo son los indígenas? Wassner argumenta la misma idea: “Sor Juana subverts the religious-political vehicle to defend the validity of an indigenous religion…an argument that, if followed, would contain radical implications for the marginalized groups (5; énfasis añadido). Siendo esta una idea impopular y controvertida en España, la loa para El divino Narciso así revela el radicalismo social de Sor Juana.
El divino Narciso también defiende a la mezclada religión de los mestizos enfatizando la identidad mezclada de la religión católica. Como señala Donadoni, “the Christian tradition…was introduced by the Spanish coloniser as a ‘pure’ and ‘unmixed’ religion” (1). Sin embargo, esto es problemático, toda vez que el cristianismo es una evolución del judaísmo. Al enfatizar la mezcla judeocristiana en el catolicismo, Sor Juana defiende la validez de la religión indo-católica, aunque sea parcialmente pagana. Según Donadoni, “Al hacer hincapié en la yuxtaposición de componentes contradictorios de una misma tradición introducida por los españoles, Sor Juana parece reivindicar la identidad del mestizo novohispano como una identidad también coherente” (16). De este modo, al defender la identidad mestiza en El divino Narciso, Sor Juana presenta una postura socialmente extrema.
Para enfatizar esta mezcla judeocristiana, Sor Juana combina varios atributos del Antiguo Testamento con el Nuevo Testamento en su auto sacramental. Esta mezcla se evidencia claramente en los personajes de su auto. Donadoni señala tres papeles que Narciso desempeña en la octava escena de la obra: “[el] amado del ‘Cantar de los Cantares’, la figura del buen pastor y la imagen del Dios iracundo del Antiguo Testamento” (3). Narciso representa el amante del “Cantar de los Cantares” al expresar sus anhelos de estar con la Naturaleza Humana: “Que pues por ti he pasado / la hambre de gozarte, / no es mucho que mostrarte / …que de la sed por ti estoy abrasado” (401). También Narciso evidencia rasgos del Dios airado en esta escena: “Yo haré que mis furores / los campos les abrasen, / y las hierbas que pacen” (400). Narciso entonces se vuelve el Buen Pastor en los siguientes versos: “voy siguiendo / tus necios pasos, viendo / que ingrata no te mueve / ver que dejo por ti noventa y nueve” (396). Esto sirve como una alusión directa a la parábola de la oveja perdida, encontrada en Lucas 15.1-7 (Reina-Valera). Siendo el “Cantar de los Cantares” parte del Antiguo Testamento, es claro que Sor Juana mezcla elementos judeocristianos en El divino Narciso. Como ya se ha mencionado, esta mezcla sirve para defender a la religión mezclada de los mestizos de Nueva España, lo cual también manifiesta la radicalidad de Sor Juana.
Conclusión:
Según Wassner, “The auto sacramentales on which El divino Narciso was based were traditionally employed to reinforce the religious beliefs and practices of the witnessing community” (5). Sin embargo, como se ha demostrado en este estudio, Sor Juana usa su auto sacramental para desafiar las creencias sociopolíticas y religiosas de Nueva España. De este modo, El divino Narciso demuestra la radicalidad de su autora.
Los temas del feminismo constituyen una radicalidad y Sor Juana los incluye al criticar el silenciamiento de las mujeres, empoderando a las mujeres y atribuyéndoles las ideas y los símbolos típicamente asociados con los hombres. Sor Juana también hace su auto radical al incluir varias creencias de los místicos, las cuales se centran en el “Cantar de los Cantares” y la teología personal de San Bernardo de Claraval. Finalmente, Sor Juana hace El divino Narciso radical defendiendo públicamente a los indígenas y los mestizos de Nueva España. En última instancia, El divino Narciso es una de las obras más sobresalientes de Sor Juana — y como dice la Naturaleza Humana, “Sólo falta que, rendidos, / las debidas gracias demos [a ella]” (432).
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